sábado, 16 de septiembre de 2017

Intuiciones_24

Somos niños. Quizás nunca dejamos de serlo y lo que nos pasa es todo aquello que puede ocurrirle a un niño o a una niña con el paso de los años.

sábado, 26 de agosto de 2017

Intuiciones_23

Ya sé -desde hace mucho tiempo- que todas las fotografías engañan. No necesito más mentiras para recordarlo, porque podría olvidar que algunas fingen ser tan auténticas como un poema, tan reales como un cuento o tan verosímiles como mi propia memoria. Es lo que siempre he creído ver en aquellas que me emocionan, me seducen o me persuaden.

sábado, 5 de agosto de 2017

Biblioteca de instantáneas_17

“Siempre me ha desagradado que me fotografíen, pero me desagradaba enormemente que lo hiciera Anna. Resulta extraño decirlo, lo sé, pero cuando ella estaba detrás de la cámara era una persona ciega, algo moría en sus ojos, se extinguía una luz esencial. Parecía no mirar a través de la lente, a su objeto, sino escrutar su interior, mirar hacia adentro, en busca de alguna perspectiva definitoria, un punto de vista esencial. Sujetaba firmemente la cámara a nivel del ojo, asomaba a un lado su cabeza de ave de presa y se quedaba mirando un segundo, sin ver, posiblemente, como si tus rasgos estuvieran escritos en una especie de braille y ella fuera capaz de leerlo a distancia; cuando apretaba el disparador parecía que eso era lo menos importante, nada más que un gesto para aplacar a la máquina. En nuestros primeros días juntos fui lo bastante imprudente para dejar que me convenciera de posar para ella unas cuantas veces, los resultados fueron espantosamente descarnados, espantosamente reveladores. En esa media docena de fotos en blanco y negro de cabeza y torso que me sacó -y sacó es la palabra-, me vi más crudamente al descubierto de lo que habría estado en un estudio de cuerpo entero sin nada encima".
El mar
(fragmento) John Banville

sábado, 15 de julio de 2017

di_versos


Esta carta de amor que me has mandado
no es fea. Me parece expresionista.
Está llena de manchas. De borrones,
tachaduras y faltas ortográficas.
Y no se entiende bien lo que me dices.

No me importan las líneas inclinadas
y algunas de las manchas son bonitas.
Parecen salpicadas con ternura,
como luces o estrellas desprendidas
de ese espacio remoto en el que vives.

Ya sé que lo haces todo con las manos,
que se te ensucian mucho, que no lees
y, si estudiaste, ya te has olvidado.
Pero -chica, por mucho que te guste-
no creo que debamos escribir
                             hamor (con hache).

sábado, 24 de junio de 2017

Textos "breves como fotos"_45

La tormenta se aleja entre breves destellos y susurros agotados, con una apariencia de derrota que no se corresponde con el ímpetu mostrado hace un instante. Lloran todavía las flores de los jardines por sus pétalos perdidos. Brillan los ojos que se cerraron espantados y resurgen las primeras sonrisas, aún desconfiadas. El suelo parece dispuesto a reflejar eternamente todos los cuerpos como si fuesen bellos, pero muy pronto serán envueltos por la geometría traslúcida y borrosa de sus propias huellas desprendidas.

sábado, 3 de junio de 2017

Biblioteca de instantáneas_16

“Un hombre sin manos llamó a mi puerta para venderme una fotografía de mi casa. Si exceptuamos los ganchos cromados, era un hombre de aspecto corriente y tendría unos cincuenta años.
—¿Cómo perdió las manos? —le pregunté cuando me dijo lo que quería.
—Esa es otra historia —respondió—. ¿Quiere la foto o no?
—Pase —le invité—. Acabo de hacer café. Acababa de hacer también un poco de jalea, pero eso no se lo dije.
—Necesitaría ir al retrete —dijo el hombre sin manos.
Yo quería ver cómo sostenía la taza de café.
Sabía cómo sostenía la cámara. Era una vieja Polaroid grande y negra. La llevaba sujeta con correas de cuero que le rodeaban los hombros y le abrazaban la espalda. Era así como mantenía la cámara pegada al pecho. Se ponía en la acera, enfrente de tu casa, la encuadraba en el visor, apretaba el botón con uno de los ganchos, y ahí tenías tu fotografía.
Lo había estado observando desde la ventana, claro".
Visor (De qué hablamos cuando hablamos del amor)
(fragmento) Raymond Carver

sábado, 13 de mayo de 2017

Textos "breves como fotos"_44

Un amasijo de cables trenzados cuelga entre postes de hormigón y fachadas de ladrillo. Trazos finos como líneas de tinta dibujada contra el cielo gris, el rojo envejecido y otras muchas capas superpuestas de pintura. Grafitis incomprensibles compiten contra una vegetación raquítica que, a pesar de estar perdiendo, no se rinde. Sombras, tan solo, de una naturaleza afantasmada o zombi que alimenta sus raíces con cemento y suciedad.

sábado, 22 de abril de 2017

di_versos


Calendario del tedio abandonado,
el tiempo va pasando sin quedarse
sobre los días negros y los rojos,
sin llamar la atención ni despedirse.

Como si fuera nadie,
                     como si nada fuese.

Hoy, sin embargo, el brillo de un instante
cansado o despistado, o lento solo,
ha rozado la piel de nuestros cuerpos
casi desnudos para dibujarlos
de luces y de sombras encendidas.
Lo he sentido temblar entre los besos
húmedos de tu boca y de la mía.

En nuestro antiguo abrazo,
                           como si fuese nuevo.

Y se habría quedado con nosotros,
varado en las orillas del deseo,
de no ser eso:

               solo tiempo.

sábado, 1 de abril de 2017

Biblioteca de instantáneas_15

Jasper Gwyn se preguntó si para él había sido lo mismo, en los doce años en los que había escrito, y mientras buscaba una respuesta llegó al apéndice del libro, y allí había fotografías hechas mientras el pintor trabajaba, en su estudio. Sin darse cuenta, se encorvó un poco para ver mejor. Lo sorprendió una foto en la que el pintor permanecía plácidamente en una butaca, vuelto hacia una ventana, mirando al exterior; a pocos metros de él, una modelo a la que Jasper Gwyn acababa de ver en uno de los cuadros expuestos en la galería estaba desnuda echada en un sofá, en una posición no muy distinta de la que estaba fijada sobre la tela. También ella parecía estar mirando al vacío.

Jasper Gwyn vio allí un tiempo que no se esperaba, el transcurso de un tiempo. Como todo el mundo, imaginaba que ese tipo de cosas funcionaban de la forma habitual, con el pintor ante el caballete y el modelo en su sitio, inmóvil, ambos embarcados en un paso a dos cuyas reglas conocían —podía imaginar la cháchara tonta, mientras tanto. Pero allí era distinto porque pintor y modelo parecían más bien estar esperando, y se diría que cada uno de ellos esperaba por su cuenta —y algo que no era el cuadro. Se le ocurría a uno que lo que esperaban era depositarse en el fondo de un enorme vaso".
Mr Gwyn
(fragmento) Alessandro Baricco

sábado, 11 de marzo de 2017

Textos "breves como fotos"_43

Ruido insoportable. Entrechocar de sonidos —todos ellos estridentes— contra paredes altísimas de hormigón, acero y vidrio; contra el suelo de asfalto, invisible bajo el caucho de un millar de neumáticos paralizados entre el humo de los escapes. Pero allí arriba —lejano, estrecho y celeste— hay un poco de cielo que vibra como una cinta de raso para el pelo movida por el viento.

sábado, 18 de febrero de 2017

Textos "breves como fotos"_42

Lluvia tan fina que no cae. Bruma y noche suspendidas de las farolas y los árboles, sobre una ciénaga de brillos trémulos. Un perro callejea la oscuridad olisqueando su reflejo en los charcos de las aceras. La cola caída y las orejas gachas; pero, sobre todo, unos ojos que parecen decir: "soy el último y el más solitario". Todo es triste melancolía. Tanta y tan pura que rezuma belleza.

sábado, 28 de enero de 2017

Textos "breves como fotos"_41

Una calle recién salida del sueño de sus moradores —pasados, presentes y futuros— y aún en el silencio gris de toda ausencia. Suspensión coloreada levemente por el chirrido anaranjado del sol al levantarse y el roce azul de la penumbra que se despega del asfalto. Todo es pereza. Desganada lentitud de un devenir inequívoco. Fuerza de la naturaleza, sin rastro humano. Carente de deseos. Sin expectativa alguna y, a pesar de todo, irremediable.

sábado, 7 de enero de 2017

di_versos

 
La brisa agita un bloc bastante usado
igual que mis recuerdos.
                          Os dibujo
con trazos grises, cálidos y suaves,
por confirmar mi paisaje en los sueños
y, sin saber qué hacer para evitarlo,
os pregunto a la vez

                     (también escribo)
sobre pálidas fotos amarillas
del álbum familiar y la memoria.

Porque os amo -montañas- siempre vuelvo
y algún día seré

                 ceniza y viento
para quedarme.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Biblioteca de instantáneas_14

Así fue como empezó todo. Entre aquella serie de noches pasadas en la terraza y el día en que la fotografía de Luzhin apareció en una revista de San Petersburgo, se diría que no había ocurrido nada, ni el otoño en el campo con su eterna llovizna, ni el viaje de regreso a la ciudad, ni la vuelta a la escuela. La fotografía se publicó un día de octubre poco después de su primera e inolvidable actuación en un club de ajedrez. Y todo lo que ocurrió entre el regreso a la ciudad y la fotografía (dos meses tan sólo) estaba tan desdibujado y tan mezclado, que más tarde, al recordar aquella época, Luzhin era incapaz de decir cuándo, por ejemplo, se celebró una fiesta en la escuela en el transcurso de la cual, oculto en un rincón, inadvertido casi por sus condiscípulos, había derrotado al profesor de geografía, un conocido aficionado, o cuándo fue invitado a cenar en su casa un judío de pelo gris, un genio senil del ajedrez, quien había resultado victorioso en todas las ciudades del mundo donde jugó, pero que, para entonces, vivía en la ociosidad y la miseria, casi ciego, enfermo del corazón, habiendo perdido para siempre el fuego, la habilidad y la suerte... Sin embargo, había algo que Luzhin recordaba con toda claridad, el temor que le acometió en la escuela de que los demás llegaran a enterarse de su don y le ridiculizaran, y, en consecuencia, guiado por ese recuerdo infalible, juzgaba que después de la fiesta en que contendió con el profesor de geografía ya no volvió a la escuela, porque al rememorar los sufrimientos de su infancia no le venía a la memoria la horrible sensación que habría experimentado al entrar a la mañana siguiente en la sala de clases y enfrentarse a todas aquellas miradas inquisitivas y sabedoras de su secreto".
La defensa
(fragmento) Vladimir Nabokov

sábado, 26 de noviembre de 2016

Textos "breves como fotos"_40

En este instante, tan anómalo como el retroceso de un reloj, la piel de tu cuerpo desnudo parece un lienzo de Turner recién pintado. Un caos violento de luces y sombras tan diluidas que aún fluyen y se retuercen. Dermis deslumbrante de células incendiadas. Sombras de terciopelo abrazadas a una calma que en el fondo no desean. Un conmovedor rompecabezas de figuras que solo pueden ser contempladas con la mirada extraviada de un demente.

sábado, 5 de noviembre de 2016

di_versos


Quizás crea saber lo que has soñado
si me lo cuentas tú,
pero nunca salddel simulacro
al traducir los turbios espejismos
que te reflejan.
                 Mudo,

                       despojado
de todo instrumental y certidumbre
por tu noche abismal impenetrable,
en el sopor dorado y surreal
de mi insomne vigilia.

¿Quién habrás sido?
                    ¿Dónde habrás estado?
¿Qué impulso te ha llevado hasta mi playa
desierta?
          Esta mañana
.


sábado, 15 de octubre de 2016

Intuiciones_22

¿Debemos asumir que las imágenes —no sólo las fotográficas, pero sobre todas éstas— tendrán una evolución muy parecida a las palabras desde que son usadas como tales por el llamado lenguaje visual? Quizás tenga que pasar un tiempo porque se trata de un proceso, pero empiezo a comprender que ya no tiene sentido mostrarlas de una manera aislada. Deberían formar parte de un relato, de un pensamiento, de un poema... o de algo nuevo aún por definir. En este contexto resulta tentador pensar —tal y como lo hacía J. L. Borges— que los sueños constituyen el más antiguo y el no menos complejo de los géneros literarios.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Biblioteca de instantáneas_13

Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los bordes; pero fue el único que conocí de ella. Me lo había encontrado en el armario de la cocina, dentro de una cazuela llena de yerbas: hojas de toronjil, flores de Castilla, ramas de ruda. Desde entonces lo guardé. Era el único. Mi madre siempre fue enemiga de retratarse. Decía que los retratos eran cosa de brujería. Y así parecía ser. Porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en dirección del corazón tenía uno muy grande donde bien podía caber el dedo del corazón.

Es el mismo que traigo aquí, pensando que podría dar buen resultado para que mi padre me reconociera".
Pedro Páramo
(fragmento) Juan Rulfo

sábado, 3 de septiembre de 2016

di_versos


Toda mi noche cabe en tus pupilas
y las estrellas -casi todas-
                             brillan
en sus fondos
              profundos
                        reflejadas.

sábado, 13 de agosto de 2016

Intuiciones_21

No hacer fotos bonitas no significa que no me gusten. Lo intento siempre que puedo, pero no me salen... debe ser que tengo una mirada oscura, un interior oscuro, o algo oscuro en alguna parte. Y, desde luego mucho interés por lo enigmático.

sábado, 23 de julio de 2016

Textos "breves como fotos"_39

Paseo con mi soledad por estos enormes pasillos que han sido noviciado, hospital y hospicio, y que ahora solo me parecen desolados, tristes y desapacibles como un gigantesco almacén de polvo y sombras. El silencio es tan profundo que subraya cualquier crujido y los sonidos de mis propios pasos se doblan con el eco, pero no veo apariciones, ni fantasmas, ni efectos espectrales de ningún tipo. No puedo percibir ese miedo del que tanto me han hablado. No lo siento, y es eso lo que me asusta porque entonces serán otros miedos -aún desconocidos- los que habitan mis recuerdos.

sábado, 2 de julio de 2016

Biblioteca de instantáneas_12

Alrededor de las cinco, después de un viaje en ómnibus, tan largo como la noche, Nicolasito Almanza llegó a La Plata. Se había internado una cuadra en la ciudad, desconocida para él, cuando lo saludaron. No contestó, por tener la mano derecha ocupada con la bolsa de la cámara, los lentes y demás accesorios, y la izquierda, con la valija de la ropa. Recordó entonces una situación parecida. Se dijo: “Todo se repite”, pero la otra vez tenía las manos libres y contestó un saludo que era para alguien que estaba a sus espaldas. Miró hacia atrás: no había nadie. Quienes lo saludaron repetían el saludo y sonreían, lo que llamó su atención, porque no había visto nunca esas caras. Por la forma de estar agrupados, pensó que a lo mejor descubrieron que era fotógrafo y querían que los retratara. “Un grupo de familia”, pensó. Lo componía un señor de edad, alto, derecho, aplomado, respetable, de pelo y bigote blancos, de piel rosada, de ojos azules, que lo miraba bondadosamente y quizá con un poco de picardía; dos mujeres jóvenes, de buena presencia, una rubia, alta, con un bebe en brazos, y otra de pelo negro; una niñita, de tres o cuatro años. Junto a ellos se amontonaban valijas, bolsas, envoltorios. Cruzó la calle, preguntó en qué podría servirles. La rubia dijo:

—Pensamos que usted también es forastero".
La aventura de un fotógrafo en La Plata
(fragmento) Adolfo Bioy Casares